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La
magnífica colección de sus monumentos de muy diversas épocas y
estilos representa el más alto exponente de este testimonio.
Baeza
perdió su poderoso Alcázar y en el pasado siglo desaparecieron no
pocos edificios históricos, sin embargo, el número y entidad de los
que puede ofrecer a la admiración del forastero es más que suficiente
para merecer el título de Ciudad Monumental. Observará cómo ese
pueblo, con alto sentido de capitalidad, construyó sus edificios públicos
y administrativos con una dignidad sorprendente.
Invitamos
al visitante que disponga de tiempo y gusto, a vagar por las callejas,
las que sean, de sus barrios. Se sorprenderá de la gran calidad de
portadas de piedra, sencillas o pretenciosas; muchas con los escudos heráldicos
de otros tantos sencillos hidalgos; algunas, con la ballesta y la Cruz
de Santiago de su célebre Compañía de Ballesteros; las más, con una
cruz en su dintel, denotando su calidad eclesial, o bien como heráldica
de su devoción, o bien como adhesión a su nueva religión de los judíos
conversos.
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