Próxima visita:Palacio de los Rubín de Ceballos 

 

Antiguo templo parroquial suprimido a mediados del pasado siglo. La planta es basilical, de un solo ábside y una sola nave. Su ábside es semicircular con cornisa de variados canecillos y dos columnas (la de la derecha empotrada en una casa vecina). La ventanilla abocinada del ábside fue agrandada para dar más luz al interior, convertido en dormitorio hasta hace unos meses.
   Igualmente se practicó una pequeña puerta de ingreso a la vivienda. En los muros aún se conservan los contrafuertes; el muro norte mantiene todavía una muestra de su prímitiva puerta: un trozo de archivolta con los correspondientes capiteles, pero sin columnas; ante ella se hizo un atrio, cerrado por una portada renacentista del primer cuarto del siglo XVI, que da frente al abandonado convento de Santa Catalina. Otros elementos renacentistas permanecen aún en el interior de modestísimas viviendas construidas en parte de lo que fue su única nave.
   De su interior, lo más interesante Que se conserva es la cabecera del templo. El cuarto de esfera del ábside se cubre totalmente con una gran concha labrada en la piedra y que parece tan antigua como el mismo ábside. A los lados, restos de pinturas que se aprecian a través de los desconchones de la gruesa capa de cal que cubre paramentos y bóveda; se observa con claridad parte de un escudo episcopal y poco más; parecen del siglo XV (un técnico de Bellas Artes debería intentar su recuperación). El arco del ábside, ligeramente apuntado, descansa sobre hermosos capiteles palmeados, de poco relieve y terminados en volutas en las esquinas (falta el izquierdo). A continuación, una bóveda formada por dos arcos de doble moldura que se cruzan en el centro y cubierta por plementería de piedra. Los arcos descansa sobre capiteles idénticos a los anteriores. Después viene otro arco de ancho intradós sobre capiteles con decoración vegetal y animal. Los fustes de todos estos capiteles, ligeramente adosados a los muros, han desaparecido. A ambos lados de la bóveda, dos arcos apuntados que serían otras tantas capillas. Un gran arco apuntado, con puntas de diamante, cierra la cabecera e inicia la nave, cuya cubrición fue sin duda de madera. La nueva propiedad de esta parte de las ruinas, es garantía de su consolidación y reparo.
  
   Y ahora, invitamos al visitante a continuar hasta el final de la calle. Aquí, desde un balcón natural, llamado Paseo de las Murallas o del Obispo, podrá gozar (si hay suerte) de una de las más bellas perspectivas de la geografía española: el alto valle del Guadalquivir con las sierras de Mágina y Cazorla al fondo. Saciada su sed de horizontes, podrá penetrar de nuevo, a través de la inmediata Travesía de la calle Alta, en lo más sugerente de esta vieja Baeza. Girando a la derecha, ganamos la calle Alta y en el núm. 4, la CASA DE LOS AGUILAR, con su trilito de entrada y el águila coronada de los Aguilar andaluces oriundos de Ecija. Sin ruido, gocemos del silencio histórico de esta calle hasta llegar a un bello arco plateresco adosado a un muro, procedente de la desaparecida iglesia del Espíritu Santo.
 

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