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Puerta románica del Salvador.
    Comencemos diciendo que esta iglesia ha sufrido una profunda transformación a partir de las obras realizadas en ella durante los años 1968 y 1975, iniciadas por el obispado y continuadas hasta el final por la D.G. de Bellas Artes. A más de una reparación que se presentaba como urgente, la meta perseguida era devolver al templo, en la medida de lo posible, su primitiva estructura, disfrazada, como en tantos casos, por aditamentos extraños surgidos en el pasado siglo como consecuencia de una sensibilidad estética de dudoso gusInterior de la iglesia del Salvador.to, en ocasiones.

   En su fachada principal, en el clásico cuerpo saliente, se abre una puerta románica de transición, del siglo XIII; es de factura sencilla y tosca, con una archivolta ligeramente apuntada donde solo el baquetón más interno lleva decoración de cabezas y palmetas; tres columnillas a cada lado coinciden con los moldurones mayores. Antes de las mencionadas obras, el tejado de la portada y el tejado de la fachada eran una misma cosa; este detalle, unido al tipo de trabazón del cuerpo saliente con el muro general, más el estilo de la portada, nos permite afirmar que ésta procede de otro templo ya desaparecido. A la izquierda de la puerta una inscripción en caracteres góticos: «Juan de Cárdenas me fizo». Hemos de aclarar que la fachada ha sido elevada unas hiladas para que la techumbre de madera no ejerza acción dinámica alguna y, al mismo tiempo se le rebaja otras hiladas al cuerpo saliente, de ahí la diferencia actual entre tejaroz y tejado. Su sencilla torre de buena cantería, fue construida en tiempos del obispo D. Esteban Gabriel y Merino (1523-1535), cuyos escudos ostentan sus esquinas; es igual a la de San Andrés, solo que ésta se cubre con un chapitel.
   Su interior presentaba desde comienzos del siglo XIX hasta 1968 un aspecto muy diferente, con falsas bóvedas que arrancaban de entablamentos de yeso que ocultaban los capiteles mudéjares malpicados para que agarrase dicho yeso; arcos de piedra apuntados, convertidos en medios puntos por relleno; la techumbre de madera que «por vieja y fea» fue sustituida por las bóvedas de yeso, etc. etc. Hoy nos vuelve a presentar su planta basilical de tres Naves, de estilo gótico-mudéjar, creemos de la primera mitad del siglo XV.
   Sostienen las naves siete pares de columnas con fustes de 15 a 17 tambores y capiteles de sólido y abombado equino que llevan como única decoración un mocárabe en cada esquina. Ante el altar mayor un par de pilares de sección cuadrifolia y capiteles con decoración vegetal; columnas y pilares soportan arcos apuntados, todos de junta vertical y sobre los cuales va la techumbre de madera (rehecha en su mayor parte) mudéjar, de estructura de doble vertiente, formando un emparrillado de vigas y largueros y sobre ellos la tablazón; la ornamentación principal es de estrellas, grecas e inscripciones en letra gótica; en la nave central hermosos y típicos tirantes.
   En el muro de la Epístola se abren dos capillitas de arcos apuntados; en el del Evangelio, cuatro grandes arcos apuntados, dos con «pechuga» en las jambas, que se abren al interesante patio y del que lo separan cuatro vidrieras emplomadas de leve policromía que matizan la luz. El altar mayor se cubre con tres bóvedas mudéjares de ladrillo, tres retablos barrocos de diferente factura adornan su paramento.
   Entre las obras de calidad que se conservan en este templo citemos en primer lugar una magnifica talla procesional, la Humildad, de finales del siglo XVI y autor desconocido. Una pequeña y linda escultura de la Inmaculada, de escuela granadina de finales del XVII. Una buena custodia de plata de la segunda mitad del XVI. Un bello medallón barroco de finales del XVII representando a Nuestra Señora de Val de Haro. Un pequeño e interesante cuadro con el tema de la presentación de las reglas de la Compañía, con San Ignacio y compañeros fundadores. El gran poeta y platero ALONSO DE BONILLA cobra en 1611 una cantidad por la confección de un relicario que desgraciadamente no ha llegado hasta nosotros, etc.
   Rodeando al viejo templo, por tres de sus lados, se inició a finales del siglo XVI una suntuosa fábrica costeada por el obispo del Cuzco D. Antonio de Raya, natural de Baeza. Las obras llegaron a estar más avanzadas de lo que hoy aparentan, pero se acabó el numerario... y se salvó la vieja fábrica. Resanadas las «ruinas», nos ofrecen un hermoso y romántico patio, con sus muros, arcos apuntados y de medio punto, pilastras y columnas con capiteles y entablamentos renacentistas, de donde parten los haces nervados de sus proyectadas bóvedas, lindas ventanas renacientes; otras románicas de incierta procedencia, etc., etc.
   Nos dirigimos ahora a la inmediata calle de Cipriano Alhambra (antes Calderones) accediendo a ella frente al núm. 2. edificio del siglo XVIII que fue de los GALEOTE; en esta calle junto con la de Platerías, que es su prolongación, vivían en el primer tercio del siglo XVII, los Velez, Velez de Carmona, Gaspar Merino, Montoro de los Guindos y ALONSO DE BONILLA, todos ellos plateros. Por la conjunción de ambas Calles, penetramos en la Plaza de Valdivia (conocido personaje de la Universidad baezana) y en el núm. 6. una buena fachada del XVII, la casa de los MORALES, donde nació el conde de Argillo. 

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