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La visita y estancia en la ciudad de Baeza permite comprender la importancia de su papel en la historia, que se hace patente a través de la magnífica colección de monumentos , de muy diversas Épocas y estilos, que constituye su rico y variado legado histórico-artÃstico.
En la ciudad de Baeza, el arte y lo artístico se conjugan en un armonioso conjunto, dejan de ser meros conceptos para traducirse en piedra, añadiendo a su valor funcional el estético, el de la belleza, el de la historia, y así, el arte se manifiesta con toda su fuerza, no solo arquitectónica como expresión mas externa, sino que esa misma fuerza radica y subyace de manera intrínseca en su talante, configurado con el paso de los siglos, de generaciones. Sin embargo, en Baeza no todo se reduce a la memoria, sigue siendo una ciudad viva que apuesta por el futuro y es consciente de la importancia de su Patrimonio.
En Baeza predominan sobre todo edificios y construcciones del siglo XVI, en que alcanzó su máximo esplendor. Ese periodo Renacentista ha llegado a ensombrecer, en cierta medida, destacables huellas de otras épocas que por sí solas constituyen un notable legado. Existe gran calidad en sus portadas de piedra, sencillas o pretenciosas; muchas con los escudos heráldicos de otros tantos sencillos hidalgos; algunas, con la ballesta y la Cruz de Santiago de su célebre Compañia de Ballesteros; las más, con una cruz en su dintel, denotando su calidad eclesial, o bien como heráldica de su devoción, o bien como adhesión a su nueva religión de los judíos conversos.
El visitante puede observar como, con alto sentido de capitalidad, construyó sus edificios públicos y administrativos con una dignidad sorprendente,. puede recorrer el entramado urbano y monumental, que encierra el significado histórico de la urbe y a la vez pasear, no ya solo por sus calles y plazas donde se puede gozar del lujo del silencio y trasladarse a otras épocas, sino por la zona periurbana del Paseo de las Murallas o de Antonio Machado, conocer los restos arqueológicos allí descubiertos y contemplar el valle del Guadalquivir y los campos de Baeza a los que canto el universal poeta del 98 , que encontré en ellos el consuelo durante su estancia de 1912 a 1919.